Hablando en plata

Prácticas: santos e inocentes

Una vez más vuelve a la primera página la figura de las prácticas, esta vez en restaurantes de estrella Michelín, para condenar al ogro empresario que explota a pobres trabajadores que hacen la misma labor que sus compañeros pero sin cobrar… y porque no han hablado los que pagan.

No son pocas las veces que han venido a mi modesto despacho recién licenciados, sus madres o familiares, tutores de masters… a pedirme POR FAVOR hacer unas prácticas conmigo. Su argumento siempre es el mismo, no quieren cobrar sólo aprender. Es un caballo de Troya, con mi mayor diplomacia les explico que no acepto prácticos, que no tengo el tiempo que necesitan para enseñarles, y que el día que alguien trabaje para mí será con un sueldo y su formación completada. Unos se enfadan un poco, otros muchos, unos tratan de simular que lo entienden y otros simplemente insisten,… soy el ogro que no quiere hacerles un favor, y eso que no iban a cobrar.

Ves a otros que sí los aceptan, y sin entrar en la labor que realizan los prácticos, ves cómo al cabo de un par de meses las súplicas tornan críticas, y quien fue santo empresario que hacía un favor se convierte de repente en ogro empresario explotador que tiene a su niño trabajando como el que más sin cobrar un euro.

Es un juego estúpido en el que el empresario no gana nunca, siempre termina siendo un ogro. El práctico no gana nunca, pues no entra donde podría aprender y termina haciendo unas prácticas inútiles allá donde se han cansado de ser ogros y han terminado aprendiendo a soportar la estancia de esos prácticos, sacándoles el mayor provecho que pueden conscientes de que hagan lo que hagan terminaran siendo el ogro. No digo que no haya prácticas buenas, que nadie haya tenido buena experiencia, es sólo cuestión de tiempo que esa plaza de trabajador fijo discontinuo que reivindican los sindicatos se pervierta.

No acepto prácticos, y lo siento en el alma, porque me encanta enseñar. Pero si algo aprendí de las lecciones de historia, es a no dejar entrar a un caballo de Troya, que mientras duermo me apuñala por la espalda.

Ojalá los sindicatos consigan su objetivo. Los grandes beneficiados serán ellos, pues los empresarios perderemos, los prácticos perderán. Lo triste es que la historia terminará simplemente enriqueciendo al sistema, se contratará prácticos con sueldo y seguridad social, pero para acceder a las prácticas habrá que apuntarse a un master cuyo precio se disparará ya que entre sus costes incluirán el del práctico en la empresa donde vaya a practicar.

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2 pensamientos en “Prácticas: santos e inocentes

  1. misael

    100 % de acuerdo. Los practicos los carga el diablo, sobre todo ahora que, primero: lo de ser agradecidos es cosa de antiguos y segundo: a ver quien no tiene un amigo que conoce un abogado dispuesto a descerrajar un pleito en la cabeza del más pintao.

    ¿ Veremos un día a los abogados, revolviendose contra ellos el derecho, que tan bien manejan en su beneficio, cuando alguien decida hincarle el diente al asunto “pasantes” ? Bueno, es que eso es distinto… ¿ Distinto ? ¿ Por qué ?

    Repito un comentario que hice en su día en un post similar:

    “Le decía la cuñada, oye méteme al crio a trabajar… le das lo que puedas… es para que no esté por ahí todo el día sin hacer nada. Pasan los meses y el chaval contrae una pequeña enfermedad que achaca a sus condiciones laborales. Se debieron esfumar los lazos familiares que precisamente sirvieron de compromiso, porque fue denunciado, llamado a juicio y condenado severamente. Todo empezó con un… “venga… hazme el favor…”.
    En la Expaña de los muchos derechos y de las muchas libertades conviene atar corto. Aquí todo el mundo conoce a un laboralista, un sindicalista, un abogado o un primo que ha visto en la tele o leído en el periódico los mil y un derechos que asisten al trabajador (y trabajadora).
    Es una pena Ángel: no hay lugar para los favores, al menos en materia de contratación.”

    1. Angel María García García Autor de la entrada

      Pues sí, una pena, yo ya tengo asumido mi rol de “malo”, lo prefiero al de denunciado.


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